La felicidad blastocística.

Durante la primera semana de vida, el embrión se vale por sí mismo. En el cuerpo que era el óvulo encuentra toda la substancia que necesita para vivir mientras hace el primer viaje de su vida, progresando por la trompa uterina hasta la bóveda del útero. Hasta el décimo día de vida, no se implantará en el cuerpo materno. Durante este tiempo, el embrión experimenta la auténtica sensación de ser uno mismo.

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La consciencia vegetal

nenufar placentaEl trofoblasto, las células periféricas del embrión cuando es blástula, crecen expansivas hacia el cuerpo de la madre; el embrión arraiga, crece hacia afuera tanto como puede y desarrolla un sistema de acceso a la nutrición que el útero materno reconoce y permite. Desarrolla entonces la placenta y las membranas que delimitan y contienen su piscina de líquido amniótico, su tierra fértil. Y la vida curiosa, dibuja un árbol en su estructura, para recordarnos lo que también somos.