La felicidad blastocística.

Durante la primera semana de vida, el embrión se vale por sí mismo. En el cuerpo que era el óvulo encuentra toda la substancia que necesita para vivir mientras hace el primer viaje de su vida, progresando por la trompa uterina hasta la bóveda del útero. Hasta el décimo día de vida, no se implantará en el cuerpo materno. Durante este tiempo, el embrión experimenta la auténtica sensación de ser uno mismo.

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La consciencia vegetal

nenufar placentaEl trofoblasto, las células periféricas del embrión cuando es blástula, crecen expansivas hacia el cuerpo de la madre; el embrión arraiga, crece hacia afuera tanto como puede y desarrolla un sistema de acceso a la nutrición que el útero materno reconoce y permite. Desarrolla entonces la placenta y las membranas que delimitan y contienen su piscina de líquido amniótico, su tierra fértil. Y la vida curiosa, dibuja un árbol en su estructura, para recordarnos lo que también somos.

El cuerpo de afuera

Entre la belleza de las explicaciones de Jaap van der Wal hay cosas como ésta:

La Placenta! No es de la madre. Ni si quiera es mitad de la madre, mitad del bebé. La placenta es su cuerpo! El cuerpo de afuera del embrión, que se desarrolló desde el trofoblasto, cuando empezó la diferenciación celular. Es él mismo. Su parte de afuera. Su conciencia de la periferia. Su conexión con el mundo.

El trofoblasto, las células que se posicionan en la periferia cuando el embrión se hace blástula, crecen expansivas hacia el cuerpo de la madre; el embrión arraiga, crece hacia afuera tanto como puede y desarrolla todo un sistema de acceso a la nutrición que el útero materno reconoce y permite (tampoco hay lucha en este proceso). Desarrolla la placenta y también las membranas que delimitan y contienen su piscina de líquido amniótico, su tierra fértil, las condiciones en las que se hace posible.

No es algo anejo, es un elemento central del desarrollo intrauterino, un otro centro que nos enseña a estar en contacto con el todo. El desarrollo de la consciencia vegetal, del cómo es ser bosque, de estar ahí afuera, de acceder a lo necesario. Antes de nacer vivimos todas las vidas.

Y la vida curiosa, dibuja un árbol en su estructura, para recordarnos lo que también somos.

La vida líquida

En el proceso de ilustración de Snoru, estamos descubriendo aspectos sorprendentes de este trabajo. Crear las imágenes de nuestra vida tiene un gran valor iluminador, restaurador y curativo. Eso pretendemos hacer con los materiales que os presentamos; crear imágenes de lo que es la vida del modo más bello que sabemos que es posible.

El amor es líquido. Vivir una maternidad no deja lugar a dudas. Nos parece que la manera en que el embrión implanta en el cuerpo de la madre es parecida a cómo suceden estas pinturas; el tiempo, las densidades, la inercia, las texturas, crean la compleja realidad que nos une. Los límites no están del todo definidos y crecemos gracias y en base a lo que somos cada uno. Mezclarnos no siempre es apacible, sin embargo nos encanta hacerlo. Co-incidir y crear realidades, eso hacemos.